El otro día una mujer me contó que llevaba semanas sin poder dormir bien. No por algo grave, me dijo. Por todo. Por los mails sin responder. Por la cita que tenía que pedir y seguía aplazando. Por la lista mental que nunca terminaba.
Y al final del día, cuando por fin se sentaba, no sabía qué hacer con ese silencio. Así que lo llenaba. Con el móvil. Con otra serie. Con algo que no pedía nada de ella.
Me lo contó como si fuera una confesión menor. Como si admitir que estaba agotada fuera una debilidad.
"Es que yo siempre he podido con todo."
"No tengo motivos para quejarme. Hay gente con problemas de verdad."
"Cuando acabe este mes, descanso."
¿Te suena alguna de estas frases? Puede que las hayas pensado esta semana. Puede que las pienses desde hace años.
Yo también las pensé. Durante mucho tiempo creí que parar era para cuando hubiera terminado todo. Y claro. Nunca terminaba todo.
No estás agotada porque seas débil.
Estás agotada porque llevas demasiado tiempo sin volverte a ti.